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Relato: Locura de Carnaval





Relato: Locura de Carnaval

Locura de Carnaval


Una
pequeña familia de turistas se sumerge en el placer sin límites en una noche del
carnaval más pecaminoso del planeta …



El samba corría suelto. Los batuques
comenzaron a ser calentados a puro brazo desde las tres de la tarde, regados a
ríos de cerveza y cachaza. A puras dos de la madrugada, la multitud que llenaba
el viejo barracón de la Escola, completamente enloquecida de
alcohol y lujuria, danzaba sin importarse con nada, empujándose los unos a los
otros, en una confusa mezcla de cuerpos sudorosos.


La delegación de extranjeros,
presidida por los guías, -que tentaban demostrar su eficiencia a toda costa-,
se abrió paso a duras penas entre la gente, unidos por el estupor ante el
espectáculo único del Carnaval de Rio.


-Esto aquí está una locura-,
dijo el padre de familia, tentando reunir a su pequeño rebaño… -lo importante es
no perdernos de vista, y andar lo más próximo posibles unos de otros,…-


--e aí coroa, tá gostando ein? –
interrumpió su coloquio de repente una espectacular mulata semidesnuda, de
sonrisa desigual, que se movía sinuosamente al ritmo contagioso de la música…


Uno de los guías, veloz, se interpuso
en el grupo, interceptando el brazo de la mulata que avanzaba tentando agarrarse
del brazo del perplejo padre de familia…


-Vai embora por favor, estas
pessoas estão sob proteção policial, assim que não tente estabelecer contato com
elas –
dijo el guía articulando cada palabra
despacio, en su perfecto portugués aprendido en manuales y escuelas.


La cabocla le lanzó una mirada
desafiante, y haciendo del pequeño grupo familiar su platea, comenzó a sambar
frenéticamente, moviendo sus senos y sus caderas acompasadamente, la piel
brillando tersa, de una apetitosa textura de aceitunas y melocotón, salvaje…


-Isso aí menina, vai, mexe,
chega mais!!!-
, gritos de aliento vinieron
de la multitud, que hizo un alto para ver la danza de la bella muchacha.


-Eh, deixa de ser chato rapaz!,
deixa os gringos curtir samba de qualidade!!!-
,
gritaron.


La madre de familia, atemorizada por
la cantidad de gente en torno, mirando para ellos, sólo pensaba en mantenerse
cerca de su hija, una muchachita adolescente, de cuerpo largo, con la falta de
coordinación de movimientos que el crecimiento rápido imprime a esa edad,


El resto del grupo de turistas se
había ido alejando, diseminándose poco a poco entre la multitud hambrienta, que
los devoraba implacable. Los guías, desesperados, tentaban en vano controlar al
grupo. Pocos minutos después, los tres estaban solitarios en medio del tumulto.


El padre, fascinado por el
espectáculo, tentaba registrar todo con su cámara, la madre se mantenía cercana
unida por el brazo a la hija.


La hija no quitaba los ojos de un
escultural mulato, de rasgos fuertes y músculos bien definidos, parado a posos
metros de ellos, que venía siguiendo discretamente al grupo desde que salieron
del hotel.


La cabocla, rondaba al padre, posando
para la cámara, y hablando su lengua sensual, incomprensible para él.


-Vem cá meu rei, si você me da
uma chance, vou te mostrar coisas que você nem imagina que podem ser feitas com
teu corpo…-
, la mulata sonreía tentando
seducir al padre de familia, -tá gostando, não é verdade?...é claro!, tá
adorando, daquí a pouco te saco de pau duro!-
,


Efectivamente, el hombre, europeo,
gerente de empresa, estaba notando su excitación que le iba levantando poco a
poco el pene, indisciplinado bajo el calzón, el baile de la mulata lo tenía
fascinado y lo estaba calentando más de lo que podía darse el lujo de
permitirse. Por la primera vez en muchos años estaba disfrutando a plenitud un
verdadero momento de placer en esas, sus primeras vacaciones reales con su
pequeña familia. Metódico, puritano, su vida parecía sacada de un cliché. Casado
con la primera y única novia que tuvo, y acérrimo creyente en el “hasta que la
muerte nos separe”, se había concentrado en subir en la vida, trabajando noches
y madrugadas en una empresa corporativa que lo acogió recién graduado, y que
sólo ahora, al borde de los cincuenta años, le devolvía una milésima parte del
tiempo invertido en su ambición, con el regalo de esas vacaciones de ensueño al
Brasil, uno de los pocos lugares con los cuáles había fantaseado durante años,
mientras se masturbaba en las noches en que no conseguía más realizar la
lastimosa parodia de sexo que escenificaba con su mujer desde hacía décadas.


La madre de familia, simplemente no
podía creer que todo aquello fuera verdad. Ni en sus fantasías más galopantes
podría imaginar el ambiente de lujuria y de pecado que se respiraba en las
calles de esa ciudad, irreal, con aquellas playas fascinantes, extendidas a lo
largo de la faja del litoral, y sus millares y millares de cuerpos semidesnudos,
perfectos, ofreciéndose a sol y sereno. Desde hacía décadas que ya ni se tomaba
el trabajo de fingir placer con su marido, aquella triste caricatura de hombre…
Y no era que no hubiera amado a su marido nunca. Era un hombre viril, bien
formado, de miembros bien proporcionados … que simplemente nunca aprendió a
usar. Criada en una familia religiosa al extremo, se consideró bendecida cuando
aquel bello ejemplar masculino la escogió para enamorar, vigilada celosamente
por sus padres y hermanos. El término de su vida de colegial marcó el inicio de
su tediosa vida de casada. Nunca le gustó leer mucho, ni entrar a meterse en
raciocinios complicados. Su inteligencia la ejercitaba en las cosas prácticas de
la vida. Hacía maravillas con la economía doméstica, y tenía una asombrosa
habilidad manual, podía hacer cualquier cosa, si le dejaban tiempo para observar
cómo se hacía. Así que mientras el primer bebé no llegaba, catalizó su
decepcionante vida sexual, llenando su casa de pequeños detalles, un poco
kitsch, de burguesía provinciana. El nacimiento de su hija vino a llenar un
enorme vacío en su vida, vacío que llenaba con la secreta satisfacción de
amamantarla hasta la increíble edad de trece años, bajo el pretexto de la
fragilidad alérgica de la muchachita.


La realidad es que tuvo su primer
orgasmo sintiendo los pequeños labios de su hija succionándole el pezón. Por ese
motivo, prolongó todo lo que pudo el ritual de la amamantación, y la suave
reacción alérgica de su hijita al contacto con algunos materiales le proporcionó
el pretexto perfecto para continuar esta intimidad. Después, el trabajo obsesivo
del marido, los había forzado a mudar de ciudad, lo que terminó por alejarla de
su opresiva familia, y concentrarse en aquella extraña relación a tres.


La madre de familia observaba con
deleite aquellos cuerpos sudorosos y semidesnudos, el contoneo de la gente que
se amontonaba sin importarse con el contacto piel a piel. La excitaban tanto la
visión de los hombres, -sobre todo aquellos bellísimos negros y mulatos-,
cuanto la visión de los cuerpos femeninos, de pezones turgentes y nalgas firmes
bajo ropa sensual.


El mulato comenzó a avanzar decidido
hacia el pequeño grupo familiar, tentando completar su asedio a la jovencita.
Lo excitaba la idea de meter su enorme verga en un clítoris virgen de niña
blanca, de gringa, desgarrar el himen estrecho que apretaría su miembro sacando
toda su abundante leche.


Sólo de pensar en la escena, su pene
se endureció bajo la cueca . Buscó los ojos de la niña que lo
miraba fascinada con sus grandes ojos azules.


Sus experiencias sexuales no iban más
allá de las caricias trocadas con su madre antes de caer en el sueño. Adoraba
que ella entrara en su cuarto, y fingirse de dormida para sentir como se safaba
el sostén y le colocaba uno de sus enormes pezones en la boca, de hecho todavía
recordaba las advertencias de su madre de no comentar sus inocentes sesiones de
amamantación con nadie, y muchísimo menos con su padre.


Pero cuando se acariciaba su pequeño
monte de Venus, en las tinieblas de la noche pensaba en Dylan, su vecino, y su
calzón increíblemente abultado.


El mulato fuera del hotel era como un
animal exótico, sus ojos verdes, su pelo con aquel peinado sexy estilo
jamaicano, los dreads, que le descendían por la espalda, y el pequeño piercing
en el labio superior, en forma de minúscula argolla. Inmediatamente que lo vio,
sintió que su pequeño sexo le dio un leve latigazo… Dios, si sus amigas del
pacato colegio lo vieran!!!. Alentada por la excitación, le pidió tímidamente
al padre la cámara con el pretexto de filmar la bellísima puesta del sol en
Copacabana, el padre accedió distraído, demasiado ocupado en devorar aquellas
espectaculares hembras con los ojos.


La niña, todavía en el interior del
vestíbulo, enfocó el objetivo de su cámara para el grupo de jóvenes que
conversaban frente al hotel, y colocó el zoom para filmar aquel cuerpo de
hombre, los músculos tersos que se marcaban bajo la amplia camisa, abierta
completamente, el pecho con el cuello grueso, los labios sensuales, y aquellos
ojos verdes, intensos que, … La niña con la respiración entrecortada percibió
que el mulato la había descubierto… -Ay!, creo que se dio cuenta que lo
estaba filmando…-
pensó ella helada de pavor. El grupo de guías que los
llevaría a conocer el magnífico espectáculo del carnaval de Río, ya estaba
reunido frente al hotel, y convocaba a los turistas y repetían sus instrucciones
en varios idiomas:


-No se separen por favor,
nuestro grupo está completamente protegido. No lleven joyas, ni ningún
adminículo ostentoso, si alguno de ustedes quiere separarse del grupo les
recomendamos que lo comuniquen inmediatamente a cualquiera de los guías-,

los turistas conversaban animadamente entre ellos, rotas las barreras de
idiomas, todos excitadísimos por el próximo acontecimiento.


Todos salieron del hotel, como un
enjambre pálido entre todos aquellos cuerpos bronceados


-e aí cara pálida, vai sambar
muito, vai não?-,
Soltó uno de los
cargadores del hotel en tono de chacota sin poderse contener, …


Los guías tentaban controlar la subida
a los ómnibus, y la agitación de los turistas. En esa súbita confusión, el
mulato se acercó con paso felino, y se colocó tras la niña. –Do you speak
english?, Vous parlais français?, Parla italiano?, Fala portugués menina?-
,
ella lo miró con ojos de terciopelo sin responderle nada, él se acercó al oído y
le susurró –Você é muito bonita, viu?-… Ella se quedó paralizada,
una oleada caliente le recorrió el cuerpo.


Sus padres la llamaban ya instalados
en el bus, y ella subió con prisa, ya sentada, desde la ventana alcanzó a ver
al mulato pilotando una moto poderosa, esquivando ágil el tránsito de la orla
marítima.


No se equivocó, el mulato los siguió
durante todo el largo trayecto que hicieron, por la visita al Sambódromo,
a distancia, y sin quitar un segundo los ojos de ella. Ahora estaba allí, en el
barracón de la Escola de samba, dispuesto a entrar en contacto con
ella.


De repente se sintió agarrada, un
hombre de baja estatura, completamente drogado, y con un terrible mal aliento,
la halaba insistente por el brazo, -Vem brotinho, vem com o papai aquí
gostosinha!-
, súbitamente el mulato se colocó al lado de ella en dos
zancadas largas, y encarando al borracho le espetó –Sai de aquí ô
infeliz!, Arrebento tua cara a porrada!,-
, El hombre se tambaleó
sorprendido ante la muralla de músculos que se levantó ante él…-Vai, vai
bater punheta sozinho, vai!-
, El borracho se minimizó al instante, y se
perdió entre la multitud. Madre e hija se derritieron ante el héroe súbito.


El padre de familia, absorto en la
contemplación de la cabocla, ni cuenta se había dado de la agresión a su hija.
El mulato inició una animada conversación con las mujeres que lo contemplaban
arrobadas.


Haciendo despliegue de su conocimiento
de lenguas, les hizo la historia del lugar en que estaban, les contó sobre la
Escuela de Samba, les contó sobre el Samba, les contó, con su voz grave y
modulada, historias sobre el Carnaval, Su carnaval.


Poco a poco se apoderó de los brazos
de ambas. El padre de familia ya había entablado una animada conversación por
medio de gestos con la cabocla.


Cabocla y Mulato se miraron,
midiéndose con la vista y establecieron un rápido diálogo –Quál é a tua
cara?-
dijo la cabocla, -Esse gringo é gostoso e ainda da para
ver que está podre de grana, Tô trabalhando ele há um tempão, assim que não vêm
não!!!-,
dijo ella desafiante, y s tentando disimular la agresividad de
su actitud con una sonrisa dulce dirigida al grupo…. El mulato, clavándole los
ojos, y también con una sonrisa, le respondió –Tá tranquilo!, Cê pode vir
com a gente, eu vou tirar elles daquí que assim não dá para nada. Mais, Ô!, Eu
estou de olho em você viu?, se você quer transar com o coroa é problema seu!, se
vire!, mais eu não vou permitir que assaltem este pessoal aquí!-


-Então tá tranquilo mesmo, meu
rapaz!-, dijo la Cabocla, -Já te saquéi, tú tá querendo é bimbar com a garotinha
nê não?- dijo ella sonriendo maliciosa, -Mais tira a coroa do meu pé, e de
repente a gente dá uma boa transada em grupo… -A coroa está boazuda também!!!-


El diálogo corrió rápido, y la
estrategia general de ambos ya estaba trazada.


Ambos se presentaron a la familia.,
dijeron sus nombres


–Eu sou a Maria de Fâtima-
dijo la Cabocla.


El mulato sonrió con sus labios
sensuales.


-Yo soy Thor-


La familia reaccionó con sorpresa ante
el nombre inusual para un brasilero


-mi padre tiene ascendencia
nórdica-
.


La Noche con mayúscula había comenzadp
para todos.


Cabocla y Mulato guiaron a la familia
para los Arcos da Lapa. Allá se fueron todos los cinco, apretujados en un taxi.
La niña preguntó al mulato por su moto. –La dejé guardada en casa de unos
amigos que viven al lado de la Escuela de Samba. Por aquí conozco a casi todo el
mundo y casi todo el mundo me conoce-
Dijo él con una sonrisa.


La niña tímida, caliente al contacto
del cuerpo duro y viril de aquel macho espectacular, comentó –Y también, todo el
mundo te respeta-, El mulato sonrió en silencio.


El padre se sentó en el asiento
delantero, al lado del chofer. La Cabocla se sentó entre la madre de familia y
la niña. El mulato, pegó su cuerpo a la niña. La proximidad de aquel cuerpecito
frágil lo estaba dejando muy excitado. Había reconocido con ojos experientes,
todas las señales de la virginidad. Y también había percibido la excitación de
la pequeña, que se dejaba apretar. Poco a poco maniobró hasta colocar la enorme
verga, mal contenida por los pantalones, pegada a los muslos de la chiquita, sus
manos se deslizaron por la espalda de ella y le rozaron los pequeños y excitados
pezones.


La niña exhaló un tenue suspiro
entrecortado. Sintió sus pantaletas completamente mojadas de la excitación,
luego sintió los enormes dedos explorando su pubis, acariciando los cerraditos
labios vaginales, con un leve movimiento del cuerpo acomodó la mano del Mulato,
para que este pudiera alcanzar toda la superficie de su pubis, delicadamente,
comenzó cosquillear la vagina, provocando oleadas de placer en la niña.


Los otros pasajeros del taxi tampoco
estaban muy quietos. El padre, totalmente excitado por la visión de la mulata,
se rompía la cabeza pensando en como hacer para llevarse a la mulata y
penetrarla por todos los orificios de su cuerpo lujurioso. El sólo pensamiento
de esto lo dejaba excitadísimo, tanto que tuvo que colocar su mano sobre la
verga, temeroso de tener un orgasmo allí mismo.


Mientras tanto, el chofer del taxi
tenía un largo historial de vida doble en su currículo. Obligado a ganarse la
vida en la selva urbana, hacia musculación en una academia donde disimuladamente
también conquistaba sus amantes., y vivía con una horrorosa ex prostituta que
le permitía traer a sus hombres a la casa, con la condición de que ella también
fuera penetrada.


El taxista, completamente excitado,
veía el enorme mástil de su pasajero crecer, y aprovechaba todas las
oportunidades que le daban los semáforos para observarla de reojo, mientras
sentía que su propio animal se despertaba lujurioso.


Mientras tanto, la madre aprovechaba
para pegar su cuerpo al de la Cabocla. El olor de sudor de aquella mujer estaba
dejándola loca de deseos., y así, fingiéndose de distraída, pasó la mano por los
duros muslos de la mulata.


La mulata era un animal salvaje, hecha
para el placer. En su corta vida ya había sido prostituta, “garota de
programa”, operadora telefónica, manicure, y actriz porno, en la actualidad se
ganaba la vida como stripper en un cabaretucho de mala muerte, pero paraba todo
en febrero. El carnaval era su vida, desfilaba en varias escuelas de samba, y
después, se” acababa” sambando hasta el amanecer en el barracón de la escuela de
su corazón.


Ya había tenido varias amantes
mujeres, e incontables hombres, y todavía estaba decidiendo qué cosa le gustaba
más en el amor a tres.


Había percibido las manos de la madre
sobre sus muslos, y su calentura por el padre de familia, estaba dejando lugar a
un profundo interés por explorar el cuerpo voluptuoso de aquella mujer madura
sentada a su lado.


Llegaron a los Arcos da Lapa, uno de
los barrios más sórdidos y pervertidos de Rio de Janeiro, el taxista excitado
miró al padre de familia y se tocó su verga ostensiblemente. El padre no pudo
dejar de notar el respetable bulto de aquel hombre, y una extraña sensación de
`placer vino a reforzar su excitación, la cabeza de su glande, completamente
mojada, se insinuaba poderosamente bajo la tela.


El taxista trocó rápidamente unas
palabras con la cabocla y con el Mulato –E aí qué Vocês pensam fazer com
estes gringos?, Eu estou a fim de dar uma boa mamada na verga deste cara, ele
tem um pau gostoso que me vai fazer ejacular como uma mula-


El mulato le respondió
–Eeeiiii!, vai com calma Ô, meu irmão!, primeiro vamos ver onde a gente se
enfia,… não sei se vai dar pra você não, viu?. Acho que o gringo não é viado
não, O coroa tá a fim da cabocla aquí-


La Cabocla señaló –Calma meu
rapaz, Ocê vai poder comer sua garotinha, que está quente pra caralho, Eu vou
poder ser comida pelo coroa, e também Quero que ocê me dê uma comidinha, Você é
gostoso!!!-,
En ese momento, acarició los muslos y los senos de la
madre, que exhaló un leve quejido de placer, - mais essa coroa também já
me deixou quente, e primeiro eu vou querer fazer amor com ela!!!-.


El taxista loco de contento dijo,
-Pronto, tä combinado, vamos todos pra minha casa, eu moro aquí próximo e não
vou cobrar nadinha, vai sair de graça, só para este gringo comer meu cú bem
gostoso-


El taxista, ofreció su casa como
escenario de la fiesta íntima donde todos irían a disfrutar.


Llegaron a una callejuela tranquila.
Las casas alineadas databan de principios del siglo XIX, Una de ellas se
destacaba de las otras, primorosamente pintada de amarillo, con amplias ventanas
blancas.


La familia descendió del taxi, sin
comprender donde estaban.


La Cabocla y el Mulato los
tranquilizaron, explicando que el taxista había simpatizado con ellos, y quería
mostrarles la casa típica de un carioca trabajador, además ya eran casi las
cuatro de la mañana y era más seguro comer algo en la casa de él, para luego
seguir camino.


Hambrientos, los miembros de la
pequeña familia asintieron efusivos y agradecidos. El taxista los guió hasta la
casa, mientras abría el gran portón.


La casa amplia, cómoda, estaba
pulcramente arreglada.


El salón principal hacía las veces de
sala y comedor, estaba arreglado al estilo árabe, morisco, con cómodas poltronas
y sofás acolchados de varios colores, y pesadas cortinas, que aislaban la
estancia de las miradas y oídos de los vecinos. Un fuerte aire acondicionado
proporcionaba un agradable frescor que contrastaba con el asfixiante calor
exterior. Su anfitriona, una mujer de unos treinta años vino a recibirlos, de
complexión extremadamente delgada, y de rasgos faciales totalmente inarmónicos,
quijada larga, pareciendo un equino, mandíbula sobresaliente, y ojos pequeñitos
y extraviados.


Sin embargo, tenía un cuerpo gracioso,
senos pequeños, y caderas redondas y bien formadas.


La mujer, esposa del taxista, había
trabajado en varios burdeles cariocas, y había aprendido idiomas con sus
clientes. Era inteligente y espirituosa, y sabía rastrear el olor a aventura
sexual en cualquier ambiente. Así que rápidamente percibió toda la calentura
ambiental, y, en vistas de que ella también podría tener la recompensa de una –o
más de una – verga caliente penetrando su vagina, se dispuso a ayudar a su
marido a crear las condiciones ideales para el sexo grupal que estaba a punto de
acontecer allí.


Primero mientras la vieja empleada que
vivía con ellos, se dedicaba a prepararles algo de comer –en Río siempre hay una
buena feijoada a punto, Les ofreció bebidas y saladitos.


Colocaron música, una música suave,
baladas de amor, que inundaron el ambiente.


La comida estaba ya caliente, pero
todos estaban absortos cada uno en lo suyo. El efecto de las bebidas (mezcladas
con substancias alucinógenas, pronto comenzó a hacerse notar.


Sentados en un pequeño sofá rojo vino,
sumidos en la penumbra, el Mulato acariciaba el pubis de la niña, le habia
bajado las braguitas, y aprisionaba el pequeño clítoris con los dedos, mientras
introducía su lengua en la boca ansiosa de la muchachita, que, torpemente,
acariciaba el enorme mastro del mulato, completamente desnudo..


La mulata, con movimientos sinuosos.,
balanceaba su cuerpo enfrente del padre de familia, que, arrodillado frente a
ella sostenía su pene, acariciando la cabeza protuberante con los dedos, la
mulata era acariciada por la madre de familia, que le desnudó uno de los senos,
mientras agarraba firmemente una de sus rotundas y voluptuosas nalgas.


El taxista, arrodillado al lado del
padre de familia, se masturbaba tocándose locamente, delirando, devorando con
los ojos la gigantesca polla de su huésped, mientras su mujer, acariciaba las
nalgas y los pechos de la madre de familia, y le acariciaba todo el coño peludo,
pajeándola con ambas manos..


El padre de familia se abalanzó sobre
la mulata, y con un movimiento brusco la derribó sobre una de las poltronas, le
separó las piernas y hundió su boca sedienta en la vulva palpitante y mojada de
aquella mujer. El taxista, deslizándose por el piso de la habitación, finalmente
colocó sus manos ansiosas en el pene formidable, acarició el glande en un
movimiento firme de vaivén, sintiendo toda la textura deliciosa de la piel y
las venas, luego con un hábil movimiento, se colocó debajo de su huésped, y
comenzó a besar aquella verga, humedeciéndola con sus labios, y luego mamándola,
chupando toda la extensión del enorme miembro.


El Mulato, completamente enloquecido
de deso, había colocado a la muchachita sobre sus piernas, y le estaba
introduciendo muy despacio el pene a la niñita, que excitada veía a su madre
mamarle los senos a la anfitriona, los senos de su madre, estaban completamente
al aire.


La niña abrió las piernas, y girando
el pubis, recibió completamente el enorme pene del mulato con un quejido de
dolor y de placer.


El padre se venía abundantemente en la
boca del taxista que se masturbaba enloquecido. El padre, súbitamente, se viró y
colocó sus manos en la verga excitada del taxista, acariciando el glande y el
cuerpo del pene.


La madre, percibiendo que su hija
estaba siendo penetrada salvajemente por el mulato, se arrastró hacia ella y le
colocó un pezón en la boca.


La mulata y la anfitriona frotaban sus
clítoris en un frenético tribadismo, buscando juntas el clímax, El padre de
familia, comenzó a acariciar a ambas mujeres, besándoles los cuerpos desnudos.


El mulato, incapaz de eyacular, por
la cantidad de excitación acumulada, sacó su miembro ensangrentado del vientre
exhausto de placer de la niña, y penetró profundamente a la mulata, mientras le
mamaba el coño a la anfitriona.


El padre contempló atónito como su
verga se empinaba de nuevo ante el inusitado estímulo de su mujer desnuda
moviéndose frenética y rítmicamente sobre el pubis de su hija.


Finalmente, el padre, tomó su verga
entre las manos, y penetró una y otra vez en la vagina húmeda de sangre, saliva
y leche de su hija, mientras el Mulato eyaculaba en el culo profano del
taxista.




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